Escribo para expresar mi profunda indignación ante la publicación del ajuste salarial último del gobierno de Osvaldo Jaldo. Una vez más, los sueldos quedan rezagados frente a una inflación que licua el poder adquisitivo de miles de familias tucumanas. La respuesta oficial será la de siempre: “El acta fue firmada y aceptada”. Es verdad, legalmente está firmado. Pero lo inadmisible es la frialdad del cálculo político detrás de ese documento. La jugada ya la tenían pensada. No fue un imprevisto. Introdujeron la cláusula que condicionaba el aumento a la recaudación provincial sabiendo que, en el contexto recesivo actual, iba a caer inevitablemente. Armaron la trampa de antemano para terminar pagando menos. Firmar así no fue una negociación transparente; fue encerrar a los trabajadores en un callejón sin salida. Señor Gobernador, la crisis es real, pero gobernar implica fijar prioridades. El ajuste no puede recaer siempre sobre el bolsillo del laburante que no llega a fin de mes.

Marcos Daniel Ovadilla

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